Fundación INECO

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Con el desarrollo y la complejización de la vida comunitaria en los seres humanos emergieron un grupo de funciones cognitiva necesarias para poder establecer y mantener interacciones sociales saludables. La capacidad para juzgar lo que es moralmente correcto de lo que es moralmente incorrecto es quizás una de las más complejas funciones cognitivas, no sólo porque requiere apoyarse en un gran número de sofisticados procesos cognitivos, sino porque guarda una estrecha relación con el campo de la filosofía y la etiología.

Sin embargo, poder estudiar cómo nuestro cerebro juzga actos con una carga moral puede permitirnos entender aspectos fundamentales de la organización cerebral necesarios para el funcionamiento en sociedad, así como dilucidar cuestiones centrales de la evolución de algunas enfermedades psiquiátricas y neurológicas donde la cognición moral no responde a los patrones esperados.

Dentro de esta línea, el grupo de investigación de la Fundación INECO se encuentra explorando cómo interactúan diversas funciones cognitivas, como la empatía y la teoría de la mente, para permitirnos realizar juzgamientos de dilemas morales. Asimismo, se investigan bajo esta línea las posibles bases neurales de algunos procesos que típicamente han sido dominio exclusivo del estudio filosófico, como lo son las conductas utilitaristas y deontológicas, en el afán por cruzar los conocimientos de diversos campos de estudio que permiten dilucidar los ejes centrales de la moralidad.

Bases neurales de la cognición moral

Coordinardo del Proyecto: Ezequiel Gleichgerrcht

La interacción con nuestros seres queridos, colegas, amigos, vecinos y compañeros involucra un conjunto muy complejo de conductas sociales. Entre estas conductas, la capacidad para distinguir qué está bien y qué está mal en un contexto dado es esencial para desarrollar una vida social sana. Cometer actos que son “moralmente” inaceptables puede llevar al ostracismo social y al aislamiento, atentando así contra la naturaleza comunitaria de los ser humanos. Estas capacidades, que pueden agruparse bajo el concepto de “cognición moral” se ven alteradas en algunas enfermedades neurológicas y en ciertos trastornos psiquiátricos. Por ejemplo, los pacientes que desarrollan demencia frontotemporal sufren un cambio de personalidad y conducta que en muchos casos suele acompañarse de comportamientos delictivos, actos inapropiados, y conductas que resultan atípicas para la personalidad que presentaba el paciente previo al comienzo de la enfermedad. Muchas de estas alteraciones en la conducta son consideradas “inmorales”, y son causantes de un gran estrés en los familiares de estos pacientes. El mismo patrón se observa en algunos trastornos psiquiátricos. Gracias a que hoy conocemos más sobre las áreas del cerebro que se encuentran afectadas en muchas de estas patologías, podemos abordar la cognición moral con pruebas neuropsicológicas y analizar la relación entre las respuestas a estas tareas y el desempeño en otras pruebas que evalúen funciones cognitivas sociales como la toma de decisiones, la empatía, y el procesamiento emocional, entre otras. Por ejemplo, recientemente demostramos (Gleichgerrcht y cols., 2010) que pacientes con demencia frontotemporal que tomaban un curso de acción considerado “inapropiado” por la mayoría de la gente tenían disminuida su capacidad para inferir sentimientos de los otros, una función cognitiva comúnmente llamada Teoría de la Mente afectiva, que justamente depende fuertemente de circuitos que se superponen con los necesarios para elegir un curso de acción frente a un dilema moral con alta carga emocional. Actualmente estamos investigando los patrones de conductas morales en pacientes con lesiones de los lóbulos frontales, pacientes con trastornos por déficit de atención/hiperactividad, pacientes ansiosos, y pacientes con síndrome de Asperger, entre otros.

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