Conozca más sobre el INEDE

Justamente los estudios neurocientíficos ayudan a comprender qué y cómo somos, de modo que sus resultados, que implican una transformación cultural que despierta tanta euforia como temor, no pueden, sin embargo, ser ignorados por ese artificio cultural que es el derecho, pues ofrecen una visión sin precedentes del funcionamiento del cerebro que modifica la comprensión tradicional de conceptos como la conciencia y la libertad de la voluntad, entre otros. Al ser tendidos estos puentes existirán, por supuesto, coincidencias entre ambas disciplinas, pero también discrepancias. A partir de los avances neurocientíficos y de sus pruebas empíricas, que son producto de tests cognitivos y de herramientas de alta tecnología como las neuroimágenes, surgen preguntas nuevas y esenciales para el ordenamiento jurídico, preguntas que, aunque resulten incómodas, deben ser bien formuladas para que puedan ser contestadas de modo correcto. En este paso, naturalmente, la ciencia jurídica realizará una fiscalización presidida por los valores políticos de un Estado constitucional y democrático de derecho, que es objeto de estudio también de las neurociencias sociales y que representa el rasgo más cabal de la inteligencia colectiva en su misión de construcción permanente de una sociedad integrada, igualitaria y desarrollada. El INeDe se propone promover la investigación científica para examinar las posibles interacciones bidireccionales entre el mundo del derecho de los recientes hallazgos en el estudio del cerebro, sin perder de vista sus limitaciones. Es importante entender qué aprende el derecho de las neurociencias y qué pueden aprender estas últimas del derecho. El Instituto canaliza una reflexión conjunta y consensuada entre juristas y neurocientíficos para analizar de modo sistemático y crítico en qué ámbitos y en qué medida los estudios sobre el funcionamiento de los procesos mentales pueden ser utilizados válida y eficazmente para producir innovaciones en el sistema legal. Se trata de un debate que abre múltiples campos de investigación y que trasciende saberes y fronteras, puesto que la discusión sobre cerebro y derecho es necesariamente interdisciplinaria e internacional. La discusión está planteada y no puede ser ignorada.